Amae (甘え), una gran enseñanza en tiempos de individualismo

 


        Hoy mi hermana me envió un video de la charla que la escritora Anna Kazumi Stahl, para TEDx Río de la Plata, en el que desarrolló la idea de sociedad colectivista japonesa y en particular el concepto del Amae.

        Ella cuenta que a un grupo de niños japoneses les pusieron a jugar el juego de las sillas musicales, donde se coloca una silla menos que el número de participantes y en cuanto la música se detiene, quien no logra sentarse, queda fuera del juego, pasando a una nueva ronda, en la que se retira otra silla y se repite hasta que solo queda una silla, ganando el juego quien la ocupe al final.

        Pues resulta que los niños en la primera ronda, al detenerse la música, no se sentaron, ninguno, porque sentían vergüenza de sentarse y dejar a otro de sus compañeros de pie.

        Por supuesto que la historia me conmovió, pero además me maravilló el componente cultural que está detrás de ese comportamiento: cada individuo contribuye al bien de todos y en esta misma línea, el Amae se convierte en la seguridad que como individuo tengo de que si necesito ayuda, alguien estará ahí para brindármela.

        Es una idea de ruptura para una sociedad como la occidental, donde lo importante soy yo. En Costa Rica hay un dicho popular muy famoso: "primero mis dientes y después mis parientes", para señalar que yo primero tengo que encargarme de mi mismo, atender mis necesidades y sueños y si después tengo algo de tiempo o energía, podría pensar en ayudar a alguien más. Es una frase muy fuerte de individualismo egoísta, que sorprende en un pueblo como el costarricense, que se reconoce a si mismo como solidario.

        Al final pareciera que no nos cabe en la mente la idea de que puedo entregarme enteramente a los demás, con la seguridad de que los otros igualmente se entregarán a los demás y por ello a mi mismo, generando una red de codependencia en la que el crecimiento es colectivo y donde nadie se queda atrás.

        Realmente es difícil aventurarse a una práctica tan extrema en una sociedad en la que no podemos confiar en el otro y de hecho se nos llama a desconfiar, a ver con recelo a cualquiera que no sea yo mismo, incluso a mi misma familia.

        Pero si lo piensas bien, empezar a confiar en los demás, a brindar apoyo a quien lo necesite, aunque no lo conozca, aunque nadie se entere; sería un cambio realmente positivo para todos y para cada uno.

        La Madre Teresa de Calcuta ya nos lo había advertido: "El que no vive para servir, no sirve para vivir". Somos uno solo, todo nos conecta, todo nos afecta; incidamos entonces de la forma más positiva de la que seamos capaces, iniciemos el cambio en nuestro propio entorno, sin esperar nada a cambio, preocupándonos menos por lo que me pase a mi, y mucho más en lo que nos pase a nosotros.

        En este enlace, puedes ver el video de Anna.

Obsequio a Adriana por ser la mujer maravillosa que es.
© Esta historia es propiedad de A.C.V.
    Escrita el 15 de abril del 2020.

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