El sabio feliz
Cuando uno peina canas y el caminar se empieza a hacer lento y doloroso, es seguro que has recorrido un largo camino de vida, en el que has vivido, amado y sufrido. Pero también habrás conocido muchas personas, algunas te marcaron por la relación que tuvieron contigo, ya sea por una maravillosa amistad o por una horrorosa enemistad. Algunos te llenaron de experiencias, otros de guaro y uno que otro de enfermedades contagiosas. Pero entre tanta gente, es seguro que el camino de algún sabio habrá coincidido con el tuyo.
Yo tuve el honor de conocer a un sabio maravilloso, Carlos, un amante de la vida que me enseñó tanto, que aun hoy, después de muchos años, sigo agradeciendo de corazón la tutoría sobre cómo vivir pleno y feliz que recibí de él, sin que me diera una sola clase, sin que tuviera que soportar largos sermones o prescripciones morales, sino solo con sus acciones, con la forma en que enfrentaba la vida y la sonrisa que siempre asomaba en su cara.
Apenas empezaba a trabajar en la librería que me dio la oportunidad de ganarme la vida por mi mismo, por primera vez. Me encargaba de limpiar el local, sacudir los estantes, acomodar los libros, colocar libros nuevos y todo lo que se ocupara y que yo estuviera en condiciones de hacer.
Para mi el trabajo en la librería fue una gran oportunidad y un gusto al mismo tiempo. Siempre amé leer y trabajar entre tantas letras, en medio de dramas y comedias, de conocimiento técnico, de tratados de filosofía, de libros de auto-ayuda, cuentos infantiles y entuertos políticos expuestos con gracia en libros de tamaños varios. Era un sueño hecho realidad.
Tras algunos meses empecé a sucumbir ante la rutina. Nunca había trabajado y no tenía idea de como manejar el tedio, la repetición, las órdenes y las relaciones. Empecé a trabajar de mal humor, a llegar malhumorado a mi casa, a dormir con la cabeza revuelta. Mi vida empezaba a ensombrecerse y eso, aun sin que yo me percatara conscientemente, estaba apagando mi corazón.
Fue ahí donde conocí a Carlos. Entró una tarde a la librería y hasta la campanilla de la puerta repicó con alegría anunciando su llegada. Yo estaba sacudiendo los libros de la sección de novela fantástica y él se dirigió directamente hasta mi: “¿Sabes dónde encuentro novelas de Matilde Asensi?” Su voz era como un canto alegre que resonó en la parte más profunda de mi cerebro. Sin saber por qué, una sonrisa se dibujó en mi cara y le di la información que pedía con un tono alegre que tenía varias semanas de no escuchar en mi. “Claro, están en el otro lado de este estante” “Gracias, guapo” me contestó y me dejó atónito. Todavía no entendía lo que sucedió, ni por qué me sentía tan bien, tan feliz.
Frecuentemente teníamos su presencia en la tienda y cada vez que venía el efecto de alegría espontánea se contagiaba a todos, no solo a mi, mis demás compañeros se sentían igual, lo mismo que los clientes que estaban en la tienda.
En alguna ocasión en que Matilde Asensi visitó el país, la librería la trajo a la tienda a que diera una charla sobre su última novela y para que interactuara con el público. El dueño de la librería nos permitió participar y aprovechar el evento, por lo que en cuanto terminé de acomodar en la trastienda los libros que sacamos de la sala principal, para poner las sillas del evento, me senté ansioso de conocer y escuchar a una de mis autoras favoritas. Justo antes de empezar la conferencia, llegó Carlos y se sentó junto a mi. Fue una de las experiencias más divertidas de mi vida. Resultó mil veces más interesante la conversación en susurros con Carlos, que la misma presencia de Matilde. Al final fuimos a que nos firmara el libro y cuando ya se iba me pasó un volante y me dijo: “Tenemos un círculo de lectura aquí cerca, si quieres venir, ahí está la información”.
La semana siguiente fui al local que indicaba el volante, a la hora anunciada y me senté en el primer círculo de lectura al que asistía en mi vida. Fue toda una aventura por Europa, siguiendo los pasos del aristócrata inglés Apples Carstairs, mientras busca venganza contra un zar de las drogas. Estaban conversando sobre la novela The Big Black, del escritor Simon Myles (Ken Follet) y realmente fue increíble cómo se pasaron tres horas y media en medio de intrigas, suspenso, sexo y chismes.
Al final fui con algunos de los participantes a tomar algo en un bar cercano. Ahí pude ver a Carlos en su máxima expresión de grandeza. Sus historias, contadas con la maestría de un trovador medieval, transportaban a quienes escuchábamos atentos, a mundos fantásticos, historias divertidas, paseos históricos y mucho más. La magia que ejercía a través del verbo era grandiosa.
Disfruté mucho de la presencia de Carlos en mi vida por varios años, aprendiendo de su forma positiva y alegre de enfrentar la realidad, de la lectura jocosa que podía hacer de cualquier situación y sobre todo aprendí que la felicidad surge de uno mismo y que solo se va de nuestro día a día, si se lo permitimos.
Un día me llamó por teléfono y me dijo que la Reina Isabel lo estaba llamando para una misión especial y que tenía que regresar a Londres. No supe si era o no una broma, pero realmente no podría dudar que fuese verdad. En los siguientes meses recibí algunas cartas que me envió desde varios países en Europa y Asia y después nada. No supe más de él.
Con la distancia que da el tiempo para releer los episodios pasados de tu vida, no puedo encontrar una mejor definición para este ser humano extraordinario, que la de sabio. Era realmente un sabio, y no uno cualquiera, era un sabio feliz.
Yo fui afortunado de conocerlo y disfrutar de su sabiduría. Hoy solo con recordarlo, una sonrisa me acompaña y me reconforta.
Obsequio a Luisca por su cumpleaños 74.
© Esta historia es propiedad de L.C.R.Ch.
Escrita el 21 de septiembre del 2020.

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