El Señor de la Casa Aura


Esta es la historia de la trágica suerte de las criaturas mágicas y mitológicas frente a la expansión de los seres humanos por el mundo, y de un hombre excepcional que les ha brindado una esperanza.

Desde el origen del Universo, junto a estrellas, planetas, lunas y otros cuerpos celestiales, también se formaron seres especiales, creados directamente con la energía de la Creación, que se dispararon y distribuyeron por todo el espacio.

Estas criaturas: duendes, aves fénix, coatls, ents, elementales, yamata-no-orochis, huwawas y muchas otras, son seres multidimensionales, se trasladan de una dimensión a otra por medio de portales ubicados en diferentes partes del universo y en varios sitios de cada mundo.

Su esencia es contenida por estructuras propias del mundo al que llegan y mientras estén ahí, sus habilidades también se ajustan a las posibilidades materiales del mundo al que se trasladaron. Su matriz energética sigue existiendo en la dimensión de donde son originarios, pero su manifestación solo puede actuar en una sola ubicación física, por lo que mientras mantienen sus formas materiales en cada mundo, no pueden regresar a su hogar, ni moverse a otras dimensiones.

Por esto, los puentes interdimensionales son cruciales para su realización plena, ya que su naturaleza no es vivir y morir en mundos o dimensiones extrañas, sino permanecer eternamente en su trabajo creador de los universos y dimensiones que existen y que existirán.

Las personas, desde los orígenes de la civilización, entendieron que las puertas interdimensionales eran lugares especiales y trataron de marcarlos con sus propias creaciones, para señalar los puntos en sus tierras y hasta para rendir culto a las criaturas que de ahí provenían. Sin embargo, lo que nunca entendieron, es que al remover las estructuras originarias de las puertas interdimensionales: árboles, piedras, cuerpos de agua o áreas silvestres, bloquearon las puertas, y sus monumentos, ya fueran pirámides, fuentes, templos o planicies empedradas, eran como grandes tapones que atraparon en nuestro mundo a las criaturas mágicas.

Las puertas interdimensionales perdieron su fuerza, la energía que las mantenía abiertas se disipó en la materialidad a su alrededor y se apagaron. Algunos monumentos continúan en pie, aunque las puertas que señalaban ya no existen, otros fueron borrados por la acción de la naturaleza o la misma acción humana y sobre ellos se han cosntruido miles de civilizaciones, inutilizando su origen primario.

El problema principal para todas las criaturas atrapadas en nuestro planeta, no es solo que no pueden moverse fuera de aquí, sino que su vínculo con la matriz energética que los conectaba a la fuente originaria, se debilita con el paso del tiempo y eventualmente, si no logran repararla o recargarla, morirán; y al morir sus manifestaciones materiales, se apaga también su fuente, lo cual es una pérdida mayúscula para todos los universos y todas las dimensiones.

Pero hay personas que llegan a entender lo que pasa y algunas, demasiado pocas, logran hacer algo al respecto. Uno de ellos es precisamente de quien trata esta historia.

Él estaba fascinado con los mundos mágicos desde niño y cuando creció, lejos de dejarse convencer por la sociedad de que eran solo fantasías de un lunático, siguió estudiando todos los documentos que sobre el tema llegaban a sus manos. Así encontró que, tal y como lo sospechaba, en su pueblo natal existió una gran puerta interdimensional, que como todas, fue destruída desde tiempos inmemoriales, pero que a diferencia de otras, aun conservaba el vínculo, es decir, la energía que potenciaba a esta puerta en particular, no se había extinguido.

Entonces sus estudios se centraron en buscar la forma de crear una nueva puerta, sobre este punto de energía, para abrirla a los seres que aun permanecían con vida, para que pudieran regresar a su fuente.

Era dueño y vivía en una pequeña casa de huéspedes llamada Casa Aura y desde ahí trabajaba para abrir el vínculo.

Primero lo intentó directamente en el centro del punto energético, donde probablemente se ubicaba la puerta originalmente, pero sobre ese lugar se levantó un gran templo que impedía la ejecución de cualquier trabajo físico mayor, como excavaciones o toma de muestras, por lo que empezó a trabajar sobre otra de sus líneas de investigación, que proponían para los casos como éste, donde los puntos energéticos eran muy grandes, que el vínculo podía abrirse desde otro lugar.

Tras muchos años, logró crear una pequeña abertura hacia la energía de la puerta, desde su propia casa. Su alegría fue enorme cuando vio la puerta abierta y vio a varias criaturas asomándose entre temerosas y curiosas. Pero pronto entendieron que ese era un lugar seguro.

Su casa se convirtió en refugio, enfermería y andén para todas las criaturas que necesitaban vincularse a sus fuentes, regresar a ellas y también para las que venían a trabajar a nuestro mundo.

Las criaturas mágicas no se ven a simple vista, son difíciles de ubicar y normalmente necesitas que ellas quieran que las veas para poder verlas. Pero en este lugar podían manifestarse sin temor, era por fin, un lugar seguro a nuestro mundo. Por eso este hombre extraordinario pudo verlas y conversaba largamente con ellas, tanto con las que iban saliendo, como las que llegaban.

Gracias a estas tertulias en la terraza de Casa Aura, pudo afinar sus investigaciones y ubicó otros puntos que como el que logró abrir, podían mantenerse con energía latente, por lo que se embarcó en la búsqueda de estos sitios y en la creación de nuevos puntos seguros de intercambio.

Y así se convirtió en el Señor de la Casa Aura.

Corolario

La Casa Aura existe realmente, se ubica en la Ciudad de Cartago, en Costa Rica y el Señor de la Casa Aura sigue buscando puntos energéticos y rehabilitando puertas interdimensionales por todo el mundo. Actualmente está en el centro de Europa, devolviendo a los mundos de todas las dimensiones, los vínculos que siempre nos unieron y nos relacionaron con el resto de la creación.

Obsequio a Mariano por su cumpleaños 42.
© Esta historia es propiedad de L.M.S.A.
    Escrita el 10 de abril del 2020.


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