Conectada con el Universo

Foto por Greg Rakozy

Está claro. La vida es solo un continuo de eventos que responden a causas previamente generadas por otros efectos, como si en un gran juego de dominós, donde se colocan sus piezas verticalmente, una tras otra, formando grandes filas, cada una de las fichas es un efecto y una causa simultáneamente, y cuando se empuja la primer ficha, todas las demás van realizando su doble naturaleza.

La sabiduría no es saberlo todo o conocerlo todo, es conocer la mecánica de las fichas del dominó, identificarlas en el mundo que nos rodea y dentro de uno mismo, anticipando los efectos de las causas que se han empujado en algún momento. Es no solo creer que el aleteo de una mariposa en Japón causa un huracán en el Caribe, como dicen los teóricos del caos, sino saber cuál mariposa se movió y seguir el rastro de los efectos de ese movimiento para saber dónde será el huracán. 

Y ella conocía los efectos e identificaba las causas como nadie más. Por eso, era una sabia, una maestra de arcanos en la manifestación de Pachamama, de la Madre Tierra, de Gea. Por sus venas no corría sangre, corría la savia de las raíces del planeta, sus ojos no veían la luz, capturaban el exterior y lo interiorizaban para metabolizarlo hasta su corazón, que bombeaba amor, como los bosques expelen oxígeno.

Precisamente por ser sabia, era una incomprendida. Lo cual ni le sorprendía, ni le importaba.

Vivía en un claro del bosque, a la sombra de una ceiba inmortal, como el grillo de la canción de Alux, en una choza que nadie consideraría una casa, pero que para ella era mucho más que un hogar, era un centro de sanación planetaria, en el que trabajaba día y noche, combatiendo los efectos de las causas que llevaban a la destrucción del mundo.

Su titánica labor fue autoimpuesta. Cuando se sabe el comienzo y el fin de todo, la causa y el efecto de cada cosa, lo más común es abrazar la paz interior que ese conocimiento provoca y vivir en estado contemplativo hasta que los efectos propios lleguen a su fin. Pero ella no quiso poner sus ojos en blanco para admirar su interior, le parecía que sus colegas sabios eran demasiado ególatras para decirse sabios. A su juicio, cuando se sabe todo, se es corresponsable de todo, y ella no podía quedarse impávida ante tal responsabilidad.

Caminaba por el bosque extrayendo raíces, recogiendo ramas secas, buscando plantas, curando animales y árboles por igual, hablando con el río y llevando sus saludos al mar. También cantaba con el viento y se unía en coros con las aves para saludar la mañana, o para despedir el día. Recibía el agua de lluvia como si se recargara por ósmosis mientras se mantenía en perfecto equilibrio sobre una mano, que posaba con suavidad sobre una piedra, que a su vez estaba haciendo equilibrio sobre otra y así, usando tantos niveles como el tamaño de su diversión de ese día.

Porque cuando no se es ajeno a nada, la felicidad surge por generación espontánea.

Por supuesto que en el pueblo nadie la entiende. Nunca baja. No necesita más que lo ofrecido por el bosque en el que vive. Nada, ni ropa, ni comida, ni gas para un anafre, nada. Esto era tan extraño para la gente, tan confrontativo con sus propias ideas y preconceptos de cómo funciona la vida y cómo debe comportarse el ser humano, que preferían no pensar en ello y resumir su extraña forma de vivir, en que estaba loca o por lo menos que era bruja.

Alguna vez el cura de la localidad recibió las quejas de los vecinos, porque la loca del bosque hacía rituales de brujería en las noches de luna llena, con un grupo de mujeres poseídas por el demonio, que como ella, aullaban al señor de las tinieblas. El cura no quiso desestimar las incoherencias de su feligresía sin investigar primero, pero tras varios intentos por encontrar la choza de la bruja, no logró dar con ella, ni siquiera con la ayuda de los mejores baquianos de la zona. Cuando buscas algo y ya tienes en tu mente lo que quieres encontrar, pasas por encima de lo que buscas sin encontrarlo, porque al no parecerse a tu idea mental, lo desechas de inmediato.

En todo caso la brujería siempre fue la prima incómoda de la magia, que fue castigada, perseguida y vilipendiada porque la practicaban mujeres, mujeres empoderadas, dueñas de ellas mismas, de sus destinos y de su entorno, lo cual atentaba contra el patriarcado que pudre a este planeta desde siempre. Y lo que ella hacía era magia, porque la magia no es más que el dominio armonioso de las fuerzas de la naturaleza, y de vez en cuando algunas mujeres que como ella, estaban conectadas con Ñuke Mapu y compartían ceremonias de desintoxicación planetaria, que a la luz de la luna llena, tenían un impacto mucho mayor que otros días.

Pero no podemos engañarnos por la grandeza de esta mujer, porque no era un ser sobrenatural, era solo una mujer, una que se había descubierto a sí misma, que respondía a sus necesidades y a sus apetitos, como cualquiera, que soñaba y amaba en proporciones iguales, que empeñaba su voluntad a empresas titánicas, con la misma fuerza y el mismo interés que cuando se preocupaba por los rosales que crecían tras su choza.

En su momento tuvo que luchar contra todos los que pensaban que su camino era de locura, que había perdido la cabeza, que dedicarse al cuidado de la Tierra era una pérdida de tiempo. Pero ella siempre supo que cuando una mujer busca dentro de sí misma la grandeza que viene con ella desde antes de nacer, la gente que oculta su grandeza, que ha sido opacada por los prejuicios y el odio, tiemblan de miedo y procuran someter a la transgresora. Ese convencimiento la llevó a liberar su conocimiento interior y alcanzó rápidamente la sabiduría.

Lo que aparentemente son señales de locura, son en realidad destellos de sabiduría. Ella lo supo siempre, desde niña, cuando la gran Namaitamí le asignó un maestro de la naturaleza, un hermoso pizote que la visitaba en el patio de su casa a diario y con quien aprendió el lenguaje del todo, porque en el fondo, cada palabra que emiten nuestras bocas, refiere a una energía primigenia que ya fue pronunciada desde muchos siglos atrás, por lo que cuando conoces ese origen, esa causa del efecto de tu palabra, puedes entender las palabras de cualquier boca, las letras de cualquier libro, los códigos de cualquier templo. Con Coatí que era el nombre de su maestro, empezó a adentrarse en los templos del conocimiento natural, sin salir de su patio. Aprendió de las hormigas que vivían cerca, bajo el roble del vecino y también conversaba con el perro de su hermano, que la reconoció como su familia, su sangre, su Mraga.

Cuando entendió que era su momento, se retiró al bosque en el que ahora vive y empezó su trabajo de sanación planetaria.

Y todo empezó con una pieza del dominó que alguien empujó.

Obsequio a Alexia por su cumpleaños 26.
© Esta historia es propiedad de V.C.M.
    Escrita el 8 de octubre del 2020.

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