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Mostrando las entradas de octubre, 2020

La sabia y la manzana

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Foto por Andrik Langfield   Extraño a mi abuela. Era una vieja sabia, con la cara llena de arrugas, pero de una dulzura tal que con solo una sonrisa, iluminaba al mundo. Su risa era contagiosa y siempre la veías alegre y dispuesta a compartir su optimismo y su gozo por vivir, por ser quien era, por tener la vida que tenía. Una vez le pregunté si todo en su vida había sido bueno, porque yo la veía tan feliz, que no parecía haber tenido dolores, conflictos o desconsuelos. Ella, con la sabiduría que la caracteriza, se sentó en su sillón favorito mientras se carcajeaba de mi pregunta, me llamó con la mano para que me acercara. Me encantaba sentarme a sus pies, en la alfombra, para escucharla contar sus historias de vida. Cuando por fin pudo superar el ataque de risa, me vio con una mirada seria tan poco acostumbrada en su hermosa y alegre cara, que me hizo gracia y a ella igual. No podía ponerse seria, seguro tenía una imposibilidad genética para hacerlo y yo lo agradezco, porque...

Sofía y el tigre

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Foto por Keyur Nandaniya Si alguien conociera a Sofía, podría decir que es una persona normal, amable, simpática, muy inteligente. Si la conociera más a fondo diría también que es de ideas claras, disciplinada, trabajadora e independiente. Pero nadie, ni la gente más cercana a ella, saben del tigre que habita en su mente. Sucedió un día en que jugaba en el parque, probablemente tendría cuatro o cinco años, estaba concentrada siguiendo a una ardillita que bajó de uno de los árboles del fondo, a recoger una frutilla que cayó de alguno de los arbustos cercanos y rodó hasta ahí. Estaba fascinada de ver a la ardilla bajar por el tronco del árbol, como si tuviera patas engomadas, para regresar a las altas ramas, escalando nuevamente el tronco utilizando algún poder especial que ella no comprendía. Le encantó su cola, que parecía ser de algodón y sus pequeñas manitas, con las que recogió la frutilla y se la comió en un santiamén, como previniendo que alguien pudiera aparecer de pronto para ...

Grandeza

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Foto por Selcuk Yüccel Mi nombre es Elizabeth. Nací en Rozavlea, un poblado perteneciente a la región de Transilvania, en Rumania, en el año 1922. Pertenezco a una numerosa familia, tengo siete hermanas y dos hermanos. Mi papá nació con una condición genética llamada acondroplasia, que provoca que sus extremidades no se desarrollen apropiadamente, por lo que su tamaño era menor al de personas que no presentan esta condición. Siete de mis hermanos y hermanas, incluyéndome, heredamos esta condición. Desde pequeños aprendimos a valernos por nosotros mismos. Mi mamá, Batia, nos alentaba a buscar formas creativas para llegar a los sitios más allá de nuestro alcance, a abrir puertas, cuando no alcanzábamos las manijas o a utilizar las herramientas que estaban fabricadas para personas de mayor tamaño, ajustándonos a la diferencia. Ella siempre nos dijo que no podíamos esperar que el mundo se adaptara a nosotros, porque para el mundo solo éramos una peculiaridad que no merecía su atención. Fue...

Cosechando amor

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Foto por Shannon Douglas Desde que inició sus estudios en la Facultad de Derecho, sabía lo que quería hacer: defender a los que no tienen quien los ayude, por eso, cuando recibió su título de Abogado y varios conocidos bufetes locales le ofrecieron una posición, solo él podía entender la razón para rechazarlos. Buscó trabajo en la Defensa Pública de la Corte Suprema de Justicia. Los primeros años tuvo que soportar los reclamos de sus papás, de sus hermanos y hermanas, de amigos y conocidos, hasta algunos profesores de la universidad, que no podían entender cómo un abogado con sus excelentes condiciones personales, con el éxito académico que logró en su carrera y con un futuro prometedor, decidía echarlo todo a la basura, para trabajar con delincuentes. Pero él sabía que no trabajaba con delincuentes, trabajaba con personas. Personas que merecían que el principio constitucional de inocencia, se cumpliera también para ellos, aunque no tuvieran dinero para pagar un defensor de un renombra...

Sanando el alma del mundo

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Foto por knt   - Abuelo, ¿por qué dice mami que usted es pobre por bruto? Luego de una sonora carcajada. - No fue por bruto, pero si fue por elección. Cuando le hice esa pregunta a mi abuelo, no logré dimensionar correctamente la maravillosa historia que acompañó a su respuesta, pero tras tantos años de repasarla en mi mente y seguramente adornarla y acomodarla, porque nada podemos hacer con esa parte traviesa de nuestro cerebro, que juega con la memoria, lo cierto es que cada día le admiro más. Hoy le iremos a celebrar su cumpleaños 93 y él sigue tan lúcido, fuerte, afable y lleno de vida como hace quince años, cuando fui tan irreverente que le pregunté por su brutez. Todos los primos decidimos llevarle un regalo hecho por nosotros mismos. Yo hice un poco de trampa, le llevaré la historia que me contó tal y como la recuerdo hoy. Este será mi regalo: Martín es un hombre bueno, es un héroe moderno, pero sobre todo, es un faro de amor en un mundo de tinieblas de miedo. Fue el úni...

Las flores de tía Rosa

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Foto por Micheile Henderson Apenas regreso del funeral de tía Rosa. Han sido unos días muy difíciles; hace tan solo una semana fue al hospital y le diagnosticaron un cáncer de hueso en la cadera derecha, que había hecho metástasis por todo su cuerpo. Nunca tuvo problemas de salud más allá de un resfrío o algún malestar estomacal, pero tenía días de sentir que se le estaba haciendo una bola al lado derecho del abdomen. No quería ir al hospital pero mi mamá le insistió en que era mejor que se dejara examinar, para prevenir cualquier problema grave. Cuando llamó para avisar que la internarían para hacerle unos exámenes de emergencia, mi mamá fue directo al hospital a acompañarla. Por la noche ya tenían el resultado del TAC y del Gamma Óseo. Cuando fui por mi mamá esa noche, estaba devastada. Los doctores le daban a mi tía a lo sumo una semana de vida y mi mamá sentía que era su culpa lo que estaba sucediendo. No había forma de explicarle que no tenía ninguna razón para culparse, ella sent...

Y se perdió en el mar

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Foto por Jack Leonardis Nunca me gustó mucho el mar. No porque en realidad me disgustara, pero si hay algo que no soporto es el calor. Me vence, me desmaya, me hace perder las ganas de todo. Pero hace unos años, una de mis mejores amigas se fue a estudiar a Islandia y cada día me enviaba fotografías de sitios mágicos que realmente yo no daba fe de que fueran ciertas. Eran tan hermosas que veía mucho más factible que fueran montajes realizados por computadora a que fueran realmente sitios reales. Las auroras boreales, las colinas, las piedras, el césped, las casitas, los picos nevados… era un álbum de fantasías. Pero un día me envió las fotografías que tomó del viaje que hizo con su flamante y nuevo novio francés, que conoció en la universidad, a una playa de arena negra de nombre impronunciable. Me contó que el lugar era realmente mágico, que el mar parecía un espejo imponente del que salían algunos picos de piedra contrastando con aquel paisaje imposible y brindando al lugar un ambien...