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Mostrando las entradas de septiembre, 2020

Chaika soñó que volaba

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La vida del campo nunca fue fácil, en ningún lugar del mundo, en ninguna época. Pero en las zonas rurales de la recién formada Unión Soviética, lo eran mucho menos. Ella nació en una familia que la esperaba, la amaba y estaba preparada para protegerla, con amor sobre todo, porque no había mucho más. Sus papás Vladimir y Elena, trabajaban una pequeña parcela que se les asignó en esta tierra olvidada, donde nada había. El gobierno prometió entregar tierras para trabajo a todos los que quisieran trabajarlas, porque si algo le sobraba a la vieja Rusia – y a la nueva también – es tierra. Lo que no se imaginaban las personas es que ese pedazo de sueño con el que tanto se emocionaban, quedara literalmente en el lugar más recóndito del mundo. Pero sus papás no arrugaron la cara, llegando no más empezaron a preparar la tierra para trabajarla, antes incluso de construir un rancho para vivir. Su abuelo paterno vino a ayudar a su hijo a preparar su nuevo hogar y le trajo como obsequio el viejo tra...

Entendiendo la fuerza de voluntad

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Siempre quise ser científica. En la escuela la única materia que me interesaba era Ciencias. En Matemáticas me iba bien, por pura habilidad innata, porque no hacía ningún esfuerzo para sobresalir; en Español y en Estudios Sociales, raspaba el alambre, de hecho en quinto grado tuve que presentar en un examen de rescate en ambas materias, porque no me dio la nota mínima para aprobar el curso. Lo mismo me pasó en secundaria, aunque fui más cuidadosa con las materias que no me movían ni una neurona, para no tener que pasar otra vez al paredón de los exámenes de rescate, en cambio en Química, Biología, Física y hasta en Matemáticas, me sentía en mi charco. Entré a la Universidad dispuesta a ganarme un Premio Nobel de Química o Física antes de cumplir treinta años. Estaba segura de que mi destino era hacer un descubrimiento enorme, que cambiara la vida en el planeta como lo conocíamos. Saqué una doble licenciatura en Física y en Química, graduándome con honores y recibiendo una invitación de...

Dejando ir a mi abuela

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Cuando mi abuela murió, sentí que se me caía el mundo encima. Desde muy pequeña, cuando mi mamá perdió su batalla contra el cáncer y yo no había cumplido dos años, vivo con ella. Es mi abuela materna, pero mi papá ya no tenía a sus padres vivos, por lo que decidió aceptar el ofrecimiento que ella le hizo para que nos mudáramos a su casa. Siempre trató de que recordara a mi mamá y que entendiera que ella no era el sustituto de su hija, era solo mi abuela, pero mi corazón no ha conocido a nadie que me ame tanto como ella. Mi papá es maravilloso, me quiere muchísimo y yo a él, pero esa relación de complicidad, de cercanía intensa, solo la sentí con ella. Por eso, cuando falleció, caí en un profundo estado de depresión. Era tal la desesperación y el desamparo que sentía, que quise suicidarme, tomándome un frasco de pastillas para dormir que mi abuela tenía en su cuarto. No lo pensé, no consideré ninguna consecuencia, solo me las tragué. De pronto todo se puso negro, dejé de sentir, era com...

La Hermana Humana

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Estaba por terminar las materias de la carrera de periodismo en la universidad y uno de los trabajos finales era realizar una entrevista a alguna personalidad que fuera de alguna forma significativa para nosotros. Desde que nos avisaron de las reglas del proyecto, vino a mi mente una mujer a la que siempre quise conocer, que ni siquiera sé si existe, pero a quien adoraría entrevistar. No se trataba propiamente de alguien famoso, pero tras comentarle a mi profesora, ella vio una buena oportunidad de desarrollar una historia y me autorizó a seguir adelante. Mi primera tarea fue localizarla. Supe de ella a través de mi profesora de español del colegio de monjas al que asistí, quien a su vez escuchó su historia de una conversación entre algunas monjas. Poco después le pregunté a una de las hermanas que se había hecho muy amiga mía, porque en alguna ocasión la defendí de mis compañeros que se referían a ella como ‘la hermana berenjena’, por la forma de su cuerpo. Pero el problema es que hac...

El miedo de Lena, la valiente

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Quien está vivo teme. El miedo es consubstancial al ser humano y nos conecta con cualquier otro organismo vivo en el Universo, aun y cuando no tengan consciencia de ello, o de la vida, o de la muerte, que es, a fin de cuentas, el origen del miedo. Tememos a dejar de vivir, tememos a la muerte. La irracionalidad de este temor, de esta fuente del miedo, es irrelevante, porque lo tenemos conectado a la amigdala, que es un conjunto de estructuras cerebrales que acompañan a la humanidad desde que salimos del mar como peces que caminaban, e hicimos ese largo recorrido hasta subirnos a los árboles como homínidos y luego caminar erguidos como homo erectus. Son las estructuras más primitivas de nuestro cerebro y se les responsabiliza de nuestro ‘instinto de supervivencia’. Pero por más normal que sea, cuando tu trabajo es ser la heroína del pueblo, el conflicto entre tu misión de vida y los latidos de tu complejo amigdalino son más que discusiones, son peleas callejeras donde cada parte trata d...

El sabio feliz

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Cuando uno peina canas y el caminar se empieza a hacer lento y doloroso, es seguro que has recorrido un largo camino de vida, en el que has vivido, amado y sufrido. Pero también habrás conocido muchas personas, algunas te marcaron por la relación que tuvieron contigo, ya sea por una maravillosa amistad o por una horrorosa enemistad. Algunos te llenaron de experiencias, otros de guaro y uno que otro de enfermedades contagiosas. Pero entre tanta gente, es seguro que el camino de algún sabio habrá coincidido con el tuyo. Yo tuve el honor de conocer a un sabio maravilloso, Carlos, un amante de la vida que me enseñó tanto, que aun hoy, después de muchos años, sigo agradeciendo de corazón la tutoría sobre cómo vivir pleno y feliz que recibí de él, sin que me diera una sola clase, sin que tuviera que soportar largos sermones o prescripciones morales, sino solo con sus acciones, con la forma en que enfrentaba la vida y la sonrisa que siempre asomaba en su cara. Apenas empezaba a trabajar en la...

Juana de Irujo

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Vivo en un pueblo con un nombre común, algún santo o santa, como decenas de otros pueblos de este país. Tenemos una Iglesia, una plaza de fútbol, un comisariato y dos cantinas y media (la media cantina es una ventana que no tiene ni siquiera bancos para que los borrachos se sienten). También hay una escuela y un Templo Bautista que tiene más de diez años cerrado, porque desde que murió el Reverendo Smith, un gringo viejo, veterano de Vietnam, que quién sabe cómo vino a parar aquí y además cómo resultó ser reverendo cristiano, nunca enviaron sustituto y sus feligreses poco a poco se reintegraron a la Iglesia del pueblo o sencillamente dejaron de atender a ningún culto religioso. En el centro hay un edificio que probablemente es más viejo que la Iglesia, que alguna vez fue un cine, pero que con la llegada del cine sonoro y la falta de dinero de su propietario, dejó de proyectar sueños en una pantalla de tela blanca y empezó a acumular polvo, arañas y muchos ratones, que tienen ahí su uto...

Érase una vez

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La vida es un paseo maravilloso en el que pasa de todo, hay alegrías y tristezas, momentos de placer y otros de dolor, creamos y destruimos el universo que nos pertenece. Nos bañamos en la luz más pura, solo para tirarnos de cabeza en un pozo de barro negro y pegajoso. Y es que si algo define nuestra naturaleza es la dualidad. Somos seres duales en un universo bipolar que nos ofrece y nos facilita los medios para conquistar las energías que queramos, en la intensidad que queramos, sin juzgarnos, sin culparnos, sin ponernos pesadas cargas de manchas de consciencia en nuestros hombros. Porque para un universo que también experimenta plenamente su dualidad, es natural que quienes se crean, viven y se destruyen en él, hagan lo mismo. Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que mi vida ha sido fascinante. He disfrutado plenamente de la dualidad que me compone y de la bipolaridad del mundo en el que materialicé mi realidad. No es que fuera una vida alegre o llena de amor o de servicio (que...

El día en que fui un héroe

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En mi escuela hay un gran patio que colinda con un lote baldío, que es utilizado por los vecinos del barrio, como un basurero a cielo abierto. En verano, las plagas de moscas, mosquitos y otros insectos que nacen en el basurero, llegan hasta la escuela como nubes, picando y molestando a todos. Alguna vez se han suspendido las clases por lo molesto del asunto. Siempre escuchamos a los profesores o en nuestras casas, que se han quejado con la Municipalidad y que van a limpiar el lote y a cercarlo para que no tiren más basura, pero al final no llegan, o lo limpian un día y ya al día siguiente hay otra vez bolsas con desechos. Un día en que la plaga de mosquitos era terrible, mi hermanito menor fue picado por un mosquito con dengue y pasó varios días muy enfermo, hasta lo internaron dos días. Yo me preocupé mucho porque nunca había visto a mi hermano tan enfermo, así que cuando él se puso mejor, decidí que era el momento de hacer algo. Traté de sacar la basura en bolsas, para que los camio...

Kali el Koala de la Luna

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A Sara le encantaba que cuando su mamá le daba su beso de buenas noches, le dejara la cortina de la ventana de su cuarto abierta, sobre todo cuando había luna llena, porque le encantaba ver la luna mientras se quedaba dormida. Un día, mientras sus ojitos se estaban entrecerrando, vio algo que se movió en la luna. Primero pensó que era su imaginación, pero volvió a ver algo moverse. Sin hacer mucho ruido, se bajó de la cama, subió a la silla del escritorio junto a la ventana, y miró con más cuidado. Algo se estaba moviendo. Luego de unos minutos viendo aquello, por fin logró identificar la forma de lo que estaba moviéndose: era un hermoso koala blanco, de ojitos azules. Estaba jugando con el polvo lunar, y mientras brincaba y rodaba, y se escondía y daba vueltas de carreta, su hermoso pelaje brillaba más que la luna misma. Unos minutos después, el koala corrió y se ocultó en el lado oscuro de la luna. Seguro ahí estaría su mamá y lo había llamado a dormir. Sara regresó a la cama y se du...

Con los ojos abiertos

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Era el primer día de Kim en el colegio y se sentía sola, extraña y algo asustada. De sus amigos de escuela, solo tres ingresaron a este colegio y ninguno de ellos estaba en su misma clase, por lo que sentía esa ansiedad natural de llegar a un lugar nuevo, con gente nueva y mil interrogantes en sus caras. Además, con solo ver la lista de materiales para el curso, entendió que aumentaba el número de materias por cursar, casi al doble, y que los libros que había ojeado eran enredados y complejos. Para poner aun más tensión en su primer día, durante las vacaciones dio un estirón enorme; cuando terminó la escuela era de las más pequeñas, pero ahora era más alta que casi todos sus compañeros. Llegó con un enorme bolso que le había dejado adolorido el brazo. Su mamá le había advertido que eso pasaría y que lo mejor sería usar un salveque con ruedas, que pudiera mover sin mayor esfuerzo, pero a ella le pareció que eso de los salveques era un asunto de niños y ella ya no era una niña, era una a...